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WALLPAPERS: FONDO DE PANTALLA DE AMADEO MODIGLIANI

Esta vez un fondo de pantalla para su Monitor LCD del genial pintor Amadeo Modigliani, un wallpapers de uno de sus famosos cuadros de desnudo que encajara muy bien en su pantalla de la pc.

¿Quién es Modigliani?

De hecho fue un pintor y escultor italiano cuya vida artística transcurrió en París, en circunstancias extremas en ocasiones, que hicieron de él una leyenda de la bohemia del París de principios de siglo. Estudió arte en Florencia y en 1906 se trasladó a París, donde entabló contacto con Pablo Picasso, Jean Cocteau y otros vanguardistas de la época.

Las pinturas de Modigliani, suaves y delicadas, se caracterizan por su simplificación, sus líneas sinuosas, las formas planas y las proporciones alargadas. La mayor parte de su obra la integran retratos y estudios de la figura humana, caracterizados por los rostros ovalados que tan popular le hicieron. Los retratos, aunque de gran simplicidad en los contornos, revelan un considerable discernimiento psicológico y un curioso sentido del patetismo. Alcanzó, en su mejor obra, una mezcla del dinamismo de la escultura africana y la gracia y refinamiento del estilo renacentista de Botticelli.

Arte y diseño: Dos genialidades de Tim Burton


The melancholy death of Oyster Boy
Tim Burton (EEUU, 1958 - )

He proposed in the dunes,
they were wed by the sea,

Their nine-day-long honeymoon
was on the isle of Capri.

For their supper they had one specatular dish-
a simmering stew of mollusks and fish.
And while he savored the broth,
her bride's heart made a wish.

That wish came true-she gave birth to a baby.
But was this little one human
Well, maybe.

Ten fingers, ten toes,
he had plumbing and sight.
He could hear, he could feel,
but normal?
Not quite.
This unnatural birth, this canker, this blight,
was the start and the end and the sum of their plight.

She railed at the doctor:
"He cannot be mine.
He smells of the ocean, of seaweed and brine."

"You should count yourself lucky, for only last week,
I treated a girl with three ears and a beak.
That your son is half oyster
you cannot blame me...
have you ever considered, by chance,
a small home by the sea?"

Not knowing what to name him,
they just called him Sam,
or sometimes,
"that thing that looks like a clam"

Everyone wondered, but no one could tell,
When would young Oyster Boy come out of his shell?

When the Thompson quadruplets espied him one day,
they called him a bivalve and ran quickly away.

One spring afternoon,
Sam was left in the rain.
At the southwestern corner of Seaview and Main,
he watched the rain water as it swirleddown the drain.

His mom on the freeway
in the breakdown lane
was pouding the dashboard-
she couldn't contain
the ever-rising grief,
frustration,
and pain.

"Really, sweetheart," she said"
I don't mean to make fun,
but something smells fishy
and I think it's our son.
I don't like to say this, but it must be said,
you're blaming our son for your problems in bed."

He tried salves, he tried ointments
that turned everything red.
He tried potions and lotions
and tincture of lead.
He ached and he itched and he twitched and he bled.

The doctor diagnosed,
"I can't quite be sure,
but the cause of the problem may also be the cure.
They say oysters improve your sexual powers.
Perhaps eating your son
would help you do it for hours!"

He came on tiptoe,
he came on the sly,
sweat on his forehead,
and on his lips-a lie.
"Son, are you happy? I don't mean to pry,
but do you dream of Heaven?
Have you ever wanted to die?

Sam blinked his eye twice.
but made no reply.
Dad fingered his knife and loosened his tie.

As he picked up his son,
Sam dripped on his coat.
With the shell to his lips,
Sam slipped down his throat.

They burried him quickly in the sand by the sea
-sighed a prayer, wept a tear-
and they were back home by three.

A cross of greay driftwood marked Oyster Boy's grave.
Words writ in the sand
promised Jesus would save.

But his memory was lost with one high-tide wave.

En español:
La melancólica muerte de Chico Ostra

Se le declaró en la costa,
y en la playa fue la boda.

Su larga luna de miel
en la isla de Capri fue.

Para la cena el mesero
les puso un solo platillo:
un gran caldo de mariscos.
La novia pidió un deseo.

Y el deseo se realizó.
Dio al fin a luz un bebé.
Pero éste ¿era humano o no?
Bueno, quizá. Tal vez.

Diez dedos en pies y manos,
y demás órganos sanos.
Podía sentir y escuchar.
Pero ¿normal? No, ni hablar.

Este engendro antinatura,
Este cáncer indecente,
Era la imagen viviente
de toda su desventura.

Ella se quejó al doctor:
“No es hilo de mi madeja.
¿De dónde sacó ese hedor
a salmuera, pez y almeja?”

“Y ha sido usted afortunada.
Yo la semana pasada,
trate a una niña con pico
y tres orejas. ¿Me explico?
Si es mitad ostra su niño,
búsquese a otro a quien culpar.
-Y añadió con cierto guiño -
¿Se ha puesto a considerar
una casita en el mar?”

No sabían cómo llamarlo.
A veces le decían Carlo
y a veces -con voz perpleja-
“eso que parece almeja”.

Encogido el corazón,
Ninguno en verdad sabía
si el chico ostra algún día
rompería el caparazón.

Los cuatrillizos Montalvo
cierta vez se lo toparon.
Le espetaron un “¡Bivalvo!”
y enseguida se escaparon.

Una tarde en que llovía,
Carlo se sentó en la calle.
Y miró arremolinarse
el agua en la alcantarilla

Aparcada en la cuneta,
conmovida y afligida,
su madre daba salida
a su congoja secreta.

Ya se habían acostado
una noche, y ella dijo:
“Cariño, huele a pescado
y yo creo que es nuestro hijo.
Y aunque dicen que una dama
debe callarse esas cosas,
me parece que le endosas
tus problemas en la cama.”

El probó cuanta loción
pudo hallar en el mercado.
Tenía el cuerpo colorado
y comezón, comezón.
Y de rascar y rascar
la piel le empezó a sangrar

El doctor, tras una pausa,
dijo: “El remedio a su mal
podría ser su misma causa.
Las ostras, como sabéis,
dan gran potencia sexual.
Supongo que si os coméis
a vuestro niño podréis
saciar el ansia carnal.

Se acerco muy de puntitas,
muy a oscuras y en celada,
porque no notara nada
quien le daba tantas cuitas.
Y en voz muy baja le dijo:
“Carlo queridísimo, hijo:
no quisiera interferir
ni causarte desconsuelo.
Pero ¿has pensado en el cielo,
o te has querido morir?”

Carlo parpadeo al oírlo
pero no le dijo nada.
Su papi apretó el cuchillo
y se aflojó la corbata.

Cuando lo levantó en vilo,
Carlo le mojó el abrigo.
Y en su boca ya la valva,
se escurrió por su garganta.

En la costa lo enterraron,
en la arena, junto al mar.
Una oración murmuraron
y se fueron a cenar.

Una cruz que daba pena
marcaba su sepultura
y unas letras en la arena
prometían vida futura.

Pero al subir la marea
una ola grande y fea
borró sin pena ni gloria
para siempre su memoria.

De regreso en el hogar,
él se le empezó a acercar.

Le besó y le dijo: “Bella,
hagamos otra faena.”

Y aquí les dejo uno de los cortos más geniales de Tim Burton, este es uno de los primeros cortos de Tim Burton, pero no su primer trabajo, ya que antes hubo otros tres más. En este trabajo llamado Vincent , está basado en un poema escrito por Burton durante su estancia en la Disney, narra la historia de Vincent Malloy, de 7 años, que quiere ser como Vincent Price, el famoso actor de películas de terror de los años 60.

Escritores y pintores: ¿Había leído la entrevista que realiza J.R.Ribeyro a J.E.Eielson en 1972?

Releyendo uno de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro, me encontré con un dialogo-entrevista por decirlo, entre Ribeyro y Eielson, dos maestros peruanos del que debemos estar muy orgullosos. Este diálogo data de 1972 cuando la prestigiosa editorial mexicana Joaquín Mortiz publicó El cuerpo de Giulia - no del poeta Jorge Eduardo Eielson. Por entonces, el libro fue catalogado de diversas maneras: novela, poema-novela, antinovela, metanovela, etc, etc. A raíz de este texto abiertamente motivador (¿o provocador?), Julio Ramón Ribeyro entrevistó aquel año a Jorge Eduardo Eielson en París. Os dejo con el diálogo entre ambos.

J.R.R.— El caso de «poetas pintores» no es tan raro como puede parecer. Tenemos a Miguel Ángel, a Víctor Hugo, a Henri Michaux y, entre nosotros, a Eguren, según creo recordar. Con la publicación de El cuerpo de Giulia? o ¿te incluirías dentro de esa familia espiritual de «poetas ­ pintores»?
J.E.E.— Incluirme al lado de Miguel Ángel, Víctor Hugo o Eguren me parecería de una presunción realmente enorme, aun­que fuera el más humilde de sus descen­dientes. Por otra parte, la pregunta no me parece pertinente en cuanto yo no soy «poeta? pintor» ni «pintor? poeta», y nunca he comprendido este término. En una cierta época que no duró sino unos diez años, escribí poemas y me llamaron poeta. Y en otra posterior me dediqué a las artes visuales y no escribí poemas ni ningún texto realmente «literario». Sólo en un cortísimo periodo estas dos actividades han coincidido, precisamente entre los años 48 y 52. Además, corno tú sabes, he escrito artículos para periódicos y no soy periodista.. He escrito algunas piezas de teatro y no soy dramaturgo. Hago también escultura y no soy escultor. He escrito cuentos y no soy cuentista. Una novela y media y no soy novelista. En 1962 com­puse una Misa solemne a Marilyn Monroe, para banda magnética, y últimamente pre­paro un concierto y no soy músico. Como ves no soy nada.

J.R.R.— De la existencia de El cuerpo de Giulia? no sabía yo primero por terceras per­sonas y luego porque tuve ocasión de ho­jear los originales hace algunos años. ¿Cuándo fue exactamente que escribiste este libro y por qué tardaste en publicarlo?
J.E.E.— Empecé el libro en el verano de 1953, en Roma, y lo terminé el verano de 1957, en la misma ciudad, pasando por larguísimos periodos de inactividad. En realidad, aunque ello no se note quizás en la novela, mi disgusto por la literatura era ya evidente y sobre todo la suerte de virtuosismo que yo entonces practicaba. Me parecía literalmente como si me rompiera la cabeza ante un estéril muro de palabras. Llegué a odiarlas. Así, de una masa informe de seiscientas a setecientas cuartillas no extraje sino las más legibles, y aquellas que podían trasmitir más sinceramente al lector ciertas experiencias de mi juventud. En cuanto a su publicación puedo decir sólo esto: jamás he escrito nada con la intención de publicarlo. Mis primeros poemas, como Reinos o Canción y muerte de Rolando es a Javier Sologuren que debo su difusión y creo que fue él el que envió los originales a un premio nacional, que me fue otorgado. Por tal razón no he publicado casi libros y no he hecho el menor gesto en ese sentido. Me en francamente sin importancia. Para El cuerpo de Giulia? no tuve un contacto —no buscado por cierto— con la casa Gallimard, a través de Jean Genet, en 1955. Nunca contesté la carta, que debo conservar todavía. El libro era un caos, no lo consideraba bien, ni terminado y no tenía ganas de continuarlo. Sólo en 1969 tuve oportunidad de volver a ver a Octavio Paz aquí, el cual me lo pidió para publicarlo en México. Cuando pasé por Lima, en 1967, llevé el original, por si se presentaba alguna oportunidad, así como todos los poemas reunidos en volumen, pero claro está que no se presentó ningu­na oportunidad. Sólo Javier, magnífico poeta y maravilloso amigo publico mutatis mutandis en La Rama Florida en una bella edición. Tales poemas, de 1954, son los últimos que he escrito, junto con Ha­bitación en Roma, que forman un grupo mayor y quizás más ambicioso. En los años siguientes, hasta el 60, fecha en que reanudo definitivamente mi trabajo pictó­rico, escribí otras cosas, pero que no con­sidero ya «poemas». Por lo menos no en el sentido tradicional. Ellos ofrecen difi­cultades de difusión muchos mayores y, con mucho optimismo, quizás puedan publicarse en 1990. No es presunción ni cul­pa mía. Son simples razones de orden téc­nico y económico que nada tienen que hacer con mi trabajo.

J.R.R.— ¿Crees tú que el tener un doble oficio sea una ventaja o una debilidad? Quiero decir que corres el riesgo de no ser toma­do en serio en ningún bando y ser califica­do de «poeta» por los pintores y de «pin­tor» por los escritores.
J.E.E.— Me tienen sin cuidado los calificati­vos de los funcionarios de la palabra o de la paleta. En cuanto a ser tomado en se­rio, nada podría ser peor, puesto que yo mismo no me tomo en serio y me siento muy bien así. Puede ser tal vez una debili­dad tener un doble oficio pero como yo no tengo ninguno… A lo más se podría decir que ejerzo una actividad múltiple, entre las cuales, desde hace catorce años, no incluyo la literatura, salvo algunas no­tas sobre artes visuales.

J.R.R.— Para haber sido escrito entre 1953?57, tu libro me sorprende, pues se anticipa a una serie de novelas actuales calificadas en Latinoamérica de vanguardia. Me refiero a la preocupación por el lenguaje, a los juegos espacio? temporales, a la presencia, por no decir la invasión, de la poesía en la prosa narrativa, etc. ¿Es que tenías con­ciencia entonces de estar escribiendo algo nuevo o novedoso? ¿Leías muchas novelas? ¿Qué novelas?
J.E.E.— Me halaga mucho si me he anticipado a algo, pero creo que esto no es de ningu­na importancia, o si la tiene ella es muy relativa, y formal. El afán de renovación exterior puede asimilarse con frecuencia a los espíritus competitivos, y yo nunca lo he sido y no lo seré nunca. Prueba es la siempre tardía o escasísima publicación de mis escritos. Además, no es un libro el que hay que juzgar nunca sino todo un trabajo, mejor aún, una vida. En realidad mi preocupación por el lenguaje era ya patente desde mis primeros poemas, a partir de 1944. Por ejemplo en «Parque para un hombre dormido», en «Genitales bajo el vino», en «Librería enterrada» y, so­bre todo, en «Bacanal», en donde la doloro­sa experiencia del hombre que escribe se trasforma en un grito de amor y de odio a la palabra impresa. Luego el proceso se agudiza en los «Ejercicios poéticos», algunos de los cuales fueron publicados en 1953, para terminar con Habitación en Roma, de manera más consciente. Estos poemas destilan literalmente su propia negación y el hastío y la esterilidad de la letra. Las transposiciones espacio? temporales he co­menzado a usarlas bajo forma de anacro­nismos desde Antígona y Ájax en el infierno, de 1945. En cuanto al uso de repe­ticiones, inserción de lemas, aliteraciones, cortes arbitrarios, lectura en dos planos, fórmulas tomadas a los «scripts» cinema­tográficos, etc., son juegos de niños para quien ha leído a Joyce. No veo de qué vanguardia se puede hablar en Latinoamérica. Con excepción de algunos otros grandes nombres, que es inútil mencionar, he leído muy poca ficción. Y en los años 50, en Roma, ninguna novela. Vivía completamente al margen de la literatura y no tenía amigos escritores. Menos sabía aún de Latinoamérica. Sólo recientemente he podido apreciar el talento de los jóvenes escritores de nuestros países.

J.R.R.— Tengo un gran respeto por tu pudor, quiero decir por no hablar jamás de ti mismo, de tu pasado, de tus problemas personales. Me parece advertir, sin embar­go, que en este libro te refieres precisa­mente a tu infancia en la selva del Perú. ¿Qué hay de cierto en ello?
J.E.E.— Como tú sabes sin duda mejor que yo, todo es cierto en el mundo de la ficción, y muy poco en la realidad. No he pasado mi infancia en la selva ni mucho menos, sino sólo un periodo durante el cual tomé la costumbre de pasar las vacaciones del colegio en una propiedad familiar de la ceja de montaña. El resto de mi tiempo, hasta mi partida a Europa, lo he pasado en el agua. Mar y piscinas. El agua es el elemento que mejor conozco, como buen limeño. Tengo algún texto por allí que podría ser contrapuesto a El cuerpo de Giulia-no sobre el mar y su presencia. ¡Pero todo esto me resulta ya casi arqueológico!

J.R.R.— Como has escrito más de un poema y compuesto más de un cuadro, imagino que escribirás más de una novela. ¿Tienes algún proyecto al respecto?
J.E.E.— No. Escribir es una actividad solitaria, burguesa, en gran parte responsable de la alienación cotidiana y factor discriminante de primer grado. Pero ésta es una convicción personal que no extiendo a nadie, evidentemente. La actividad que me apasiona hoy en día es la acción inmediata. Los signos de la escritura están cargados de un simbolismo paralizante. Para la liberación del hombre-instrumento, víctima del Estado o de las grandes empresas privadas, son necesarios otros métodos. Hace poco he presentado un proyecto a las Olimpiadas de Munich en el que me lanzo contra el concepto de patria y bandera a través de una manifestación aparentemente «artística». Sé que no lo aceptarán. No importa. Seguiré insistiendo.

Las cartas de Van Gogh gratis por la internet

La muestra es una oportunidad única de descubrir el proceso creativo de Van Gogh, de su puño y letra y a través de los bosquejos de cuadros que ilustraban algunas de las cartas que envió poco antes de su muerte a su amigo Bernard y que nunca se habían exhibido hasta ahora.

El museo Van Gogh de Amsterdam publicará en octubre próximo una nueva edición internacional de la correspondencia completa del pintor holandés en inglés, holandés y francés, que constará de seis volúmenes y a la que además se tendrá acceso gratuitamente por internet.
La gran novedad, tanto de la versión impresa como de la digital es que las 900 cartas, 820 escritas por Van Gogh y 80 dirigidas a él, estarán ilustradas con todas las obras pictóricas a las que aluden los escritos. "Se trata de un hito en los estudios sobre Van Gogh" e incluso los expertos tendrán acceso a información hasta ahora desconocida, señaló Rüger director del museo.
Las cartas serán reproducidas exactamente como las escribió Van Gogh y estarán acompañadas también de una versión impresa para facilitar su lectura, así como de comentarios.
El museo de Amsterdam inaugurará el 9 de octubre una exposición titulada «Las cartas de Van Gogh: el artista habla» en la que se expondrán también las obras de la colección permanente de la pinacoteca, que podrá ser vista a través de las misivas. También se podrán contemplar 120 cartas que rara vez han sido exhibidas debido a la fragilidad del papel en el que están escritas.
La correspondencia de Vincent Van Gogh es un fiel reflejo de los lazos que le unían con su hermano Theo, de sus sueños, decepciones, amistades y peleas, su batalla con la enfermedad y su pasión por el arte. "Es igual de interesante y difícil decir algo bien como pintar algo", escribió en abril de 1888 en una carta al pintor postimpresionista Emile Bernard, al recordar que muchos de sus colegas "imaginan que las palabras no son nada".
La nueva iniciativa del museo Van Gogh sigue al éxito de la exposición "Van Gogh y los colores de la noche" que cerró hace dos semanas y que fue visitada por 530.000 personas desde febrero pasado.

Datos:

Las cartas de Van Gogh a Bernard abarcan varios temas, desde artísticos a filosóficos, pasando por aspectos cotidianos de la vida.
En una misiva de junio de 1888 fechada en Arlès, Van Gogh no sólo hace referencia a la mejoría de su estado de salud, sino que también describe una visión que quedará después plasmada en el cuadro 'Noche estrellada sobre el Rhin" (1888), que pertenece a la colección del Museo de Orsay de París.
Las cartas del pintor holandés también contienen descripciones de las obras que estaba realizando en esos momentos.
En otra carta, escrita cuando acaba de comenzar a pintar "Vista de Arlès al aterdecer", Van Gogh dice: "Este es otro paisaje. ¿Una puesta de sol? ¿Salida de la luna? Noche de verano, de todas maneras. Pueblo violeta, estrella amarilla, cielo azul verdoso, campos de trigo que tienen todos los colores: oro viejo, cobre, oro verde, oro rojo, oro amarillo, verde, rojo y bronce amarillo".

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